XXII Edición
Curso 2025 - 2026
Una conversación a medias
Sofía Soler, 14 años
Colegio Monaita (Granada)
«¿Quién puede creerse dueño del tiempo?», pensó Nuria. «Un día te encuentras encerrado en tu habitación, estudiando para los exámenes finales, y al siguiente estás empaquetando toda tu vida en cajas de cartón con un llamativo letrero en el que se lee: “Mudanzas Cariño”».
El último curso en la universidad había sido un caos para ella, no solo por las prácticas, los exámenes y los proyectos, sino por haber tenido que compaginarlos con su traslado a la capital a causa de una imprevista oferta de trabajo en uno de los periódicos más importantes del país.
Cuando los muebles estaban empaquetados y comenzaba a guardar las pequeñas cosas que había ido recolectando –la cubertería, las pinzas para el pelo…–, encontró un objeto rectangular protegido por una funda llena de pegatinas. Se trataba de su primer terminal telefónico. Nuria sintió nostalgia al recordar las fotos guardadas en aquel móvil, así como las conversaciones que en él residían. Intentó encenderlo, pero no tenía batería. Se puso a rebuscar hasta que encontró un cargador.
Poco a poco el aparato fue recobrando energía y, al encenderlo, le sorprendió su antiguo fondo de pantalla: una foto con la que fuera su mejor amiga, Sandra, a la que llevaba sin hablar desde que acabaron el colegio, tras una acalorada discusión a través de mensajes por algún asunto que Nuria no recordaba. Se le despertó una añoranza que llevaba mucho tiempo dormida.
El teléfono le pidió su contraseña, que coincidía con su fecha de nacimiento. Para su sorpresa, no funcionó. Probó otra vez, asegurándose de escribir correctamente cada dígito, pero tampoco se desbloqueó. Entonces le vino el recuerdo de una conversación con Sandra, en la que hablaron de la fecha en la que se conocieron y, para no olvidarla, decidieron escogerla como contraseña de sus terminales. Así, el dispositivo le volvió a sorprender con el mismo fondo de pantalla, trayéndole aquella época tan feliz.
Lo primero que hizo fue entrar en su galería, donde un montón de rostros casi olvidados le devolvieron la mirada. Reconoció a su anterior grupo de amigas, de las que no sabía nada causa del tiempo transcurrido. Se preguntó qué habría sido de ellas.
Decidió continuar su vuelta al pasado, pinchando en su aplicación de mensajes en busca de antiguas conversaciones. Entró en todos sus contactos y volvió a toparse con Sandra y con un pequeño letrero: "bloqueaste este contacto" bajo su nombre. Al releer sus últimas conversaciones, descubrió que faltaba cariño y sobraba rabia. Hacía mucho tiempo, demasiado, desde que Nuria se enfadó porque su amiga la criticó a escondidas. Después vinieron los insultos a través de las redes sociales. Durante esos meses, no se dirigieron la palabra.
Se dio cuenta de que todo podría haberse solucionado si hubiesen aclarado las cosas desde el primer momento. Se preguntó si Sandra sería feliz. Entendía que las personas que pertenecen al pasado, deberían permanecer en el pasado, pero con Sandra era distinto porque su amistad no tuvo un punto final, fue más bien una pausa demasiado larga y dolorosa, pero una pausa al fin y al cabo.
A causa de la nostalgia por aquella amistad perdida, Nuria decidió desbloquear el móvil que utilizaba en aquel momento, entrar a su lista de contactos y crear uno nuevo llamado “Sandra”, en el que copió el número. Tras darle muchas vueltas, le envió un mensaje:
“Hola, soy Nuria. Este es mi nuevo número. Hace mucho que no hablamos. Creo que dejamos una conversación a medias”.