XXII Edición

Curso 2025-2026

Juan Pedro Amaral

Roberto

Juan Pedro Amaral, 17 años

Liceo del Valle (Guadalajara, México)

Roberto vivía en un pueblo de la costa de Francia. Era un pescador admirado por su valor, pues llegado el invierno se embarca con rumbo a los fríos mares del norte para cazar ballenas. Su fama entre los pescadores se debía al número de cachalotes que habían caído bajo su arpón. En 1642, el aceite, el ámbar y la carne de estos inmensos animales se pagaban a un alto precio, así que, arriesgando la piel en cada viaje, Roberto había juntado una fortuna.

Hacia la mitad de la primavera, sus vecinos bajaban al muelle, a esperar su regreso. Algunos, corroídos de envidia, albergaban la mala fe de que hubiese naufragado. En efecto, esperaban recibir el chisme de que el cazador se hubiese ahogado durante una tormenta o que una ballena lo hubiera destrozado.

Sin embargo, a finales de abril, Roberto apareció rozagante, saludando con aire victorioso desde la proa de su barco. Venía con una larga barba y el firme propósito de descansar. Durante la navegación desde las costas de Islandia, había decidido abandonar el arpón y buscarse una mujer con la que casarse y formar una familia.

En cuanto pisó el muelle se topó con Isabella Marcano, la hija del gobernador, supo que esa era la señal. Era una linda dama a la que no veía desde que ambos eran niños. Roberto sabía que pertenecían a dos clases sociales muy distintas, de que ella era una muchacha educada y él era un hombre de mar. Aún así, no era de los que se rinden fácilmente.

Así que empezó a buscarla, a ir a los lugares que ella frecuentaba para intentar sacarle plática. Al principio la cosa no funcionó; ella lo bateaba por su rudeza. Pero Roberto insistió, y de ese modo le fue demostrando que detrás de su facha de marinero y sus manos endurecidas, había un hombre de palabra y buen corazón.

Después de un tiempo de cortejo, logró que Isabella le hiciera caso. Se prometieron, y cuando estuvo completamente seguro de que ella lo quería, celebraron matrimonio. Todo el pueblo acudió a la fiesta de su enlace.