XXII Edición
Curso 2025 - 2026
Pensamiento propio
Blanca Valverde, 16 años
Colegio Adharaz (Sevilla)
A primera hora del lunes tuvimos clase de Filosofía. El profesor escribió tres conceptos en la pizarra: "Creencia. Conocimiento. Opinión". Acto seguido, expuso una noticia que había aparecido en el telediario. Con aquella información cada alumna debía tomar una posición al respecto a partir de esas palabras.
"Creencia" es aquello en lo que uno tiene depositada su fe, de lo que está seguro, convencido. "Conocimiento" es lo que uno adquiere por su experiencia, aprendizaje, estudio… es decir, todo lo que es consecuencia del trabajo mental o manual. "Opinión" es lo que, a partir de los factores anteriores, cada cual construye por sí mismo según sus criterios de valoración subjetiva.
Una alumna detrás de otra fuimos exponiendo nuestras conclusiones que, sin embargo, comenzamos a adaptar a lo que fueron aportando las demás, de modo que al final todas dijimos, más o menos, lo mismo, quizás por ese miedo propio de nuestra edad a despuntar, a ir a contracorriente, a mostrar nuestro pensamiento propio y dejarnos llevar por la corriente.
Es cierto que no pocas veces los adolescentes carecemos de pensamiento crítico. Renunciamos, en buena medida, a ejercer la libertad, bien porque nos da miedo que nos señalen, bien porque no queremos mostrar nuestras creencias, convencimientos u opiniones, bien porque nos hemos ido acostumbrando a una "verdad" ficticia a causa de nuestra pereza mental, propia de este etapa de la vida.
Estoy convencida de que los jóvenes deberíamos hacernos oír, ya que muchos de nosotros hemos sido capaces de desarrollar un criterio propio ante los retos a los que se enfrenta nuestra sociedad. Pero, para que se nos escuche, deberíamos desarrollar ciertas aptitudes que hagan que se nos tenga en cuenta y se nos valore. Tendríamos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para adquirir cultura y conocimientos, mediante la selección de buenas lecturas. También deberíamos esforzarnos por expresarnos correctamente, de modo que podamos defender nuestras ideas de manera que el mensaje no se distorsione ni se pierda, desde una argumentación elaborada desde la simpatía y la claridad.
Solo a partir de una mente trabajada, obtendremos la seguridad suficiente para poder evitar el influjo de las tendencias mayoritarias, incluso el miedo al que dirán, de forma que conseguiremos liderar a nuestros compañeros. Cuando uno tiene las herramientas trabajadas y se ha esforzado por entender su uso, no tendrá problemas llegado el momento de mostrar su visión de la realidad.
Ante la forja del pensamiento, el problema aparece cuando nos conformamos con lo fácil, con seguir a quien hace cabeza porque tiene su discurso bien ensamblado, cuando renunciamos a plantear las cosas por nosotros mismos, cuando perdemos nuestra capacidad para el pensamiento crítico ante un mundo que avanza con pasos de gigante. De ese modo, nos conformamos con una pobreza mental.
La clase de Filosofía acabó de una manera curiosa: al preguntarnos el profesor el motivo de nuestra elección, solo una minoría supo justificar el porqué de su decisión a la hora de escoger una de esas tres palabras, lo que nos ayudó a planteamos si somos capaces de tener una opinión propia.
