XXII Edición
Curso 2025-2026
La chica
María Isabella Mestra, 16 años
Colegio Altozano (Alicante)
Después de despedirse del guardia en la estación de tren, el pequeño de rizos dorados distinguió a una mujer. Era más joven que los hombres que había conocido en los otros asteroides. Se sintió nervioso, pues la única relación que había mantenido con el género opuesto fue con la Rosa que tanto amaba, nunca con una chica.
–¿Qué es eso? –curioso, señaló un objeto redondo y resplandeciente que ella llevaba en la mano.
Extrañada, le contestó:
–¿Es qué no lo ves? Un espejo.
–¿Y para qué sirve?
–Para comprobar que mi maquillaje esté bien puesto y mi cabello correctamente peinado –frunció el ceño–. ¿Me vas a hacer preguntas tontas todo el tiempo? No sé quién eres ni cómo te llamas. No me distraigas, estoy esperando a que llegue…–no completó la frase.
Al escucharla, el niño empezó a mirar alrededor de la estación. Al comprobar que estaba vacía, le dijo:
–¿A quién esperas? –no obtuvo respuesta. Entonces, con dejadez prosiguió:– Me gustaría descansar un poco. Tú también te ves algo cansada. ¿Nos sentamos allí?
La chica tomó asiento en una banca frente a los rieles. Antes de volver a contemplar su reflejo en el espejo, desvió su mirada a un letrero que avisaba de los minutos que faltaban para la llegada del siguiente tren. El niño se sentó a su lado. Ante el resplandeciente atardecer, respondió:
–Soy un viajero que quiere conocer un poco mejor este mundo tan raro y a sus habitantes. No sé qué es “nombre”, ni “maquillaje”, pero tu pelo es muy bonito.
La chica, extrañada por las cosas que decía, miró de reojo al pequeño viajero.
–Yo, a tu edad, tenía un vocabulario mucho más amplio, pero agradezco tus esfuerzos por halagarme. Nunca nadie me había dicho eso de mi cabello, ni siquiera a mí me gusta.
–¿Por qué no te gusta? Es tuyo –afirmó el niño.
–No importa si lo es. Preferiría tener otro, más largo y sedoso, y otra cara, más perfilada y estilizada; incluso ser más alta, más lista y con dinero. ¡Uf!... Quisiera ser perfecta.
–¿Qué significa ser “perfecta"? No entiendo porqué no te gusta lo que es tuyo.
–La perfección es la mayor aspiración que puede atesorar una persona: no tener ningún defecto ni cometer un solo error. Y no me gusta lo que es “mío”, porque a mis amigos también les disgusta.
El viento soplaba con fuerza y el cielo se empezó a nublar. Llegó un tren, que se detuvo unos instantes frente a ellos. Una vez cerró sus puertas, retomó su movimiento. Siguiéndolo con la mirada, él niño dijo:
–Si todos fuéramos “perfectos” seríamos iguales, y eso resultaría aburrido. Yo quiero a mi Rosa y a mi amigo Zorro porque son diferentes a mí. Yo creo que ese tesoro que dices no es un tesoro, porque los tesoros son únicos. Y si tus amigos fueran buenos te querrían como eres. Mi Zorro y mi Rosa no me dicen esas cosas.
Observó cómo una lágrima caía por las mejillas de aquella chica. Esto hizo que dudara si lo que le había dicho la había herido.
–Llevo mucho tiempo en la estación y nunca nadie me había dicho eso –comentó la muchacha, que cerrando el espejo lo dejó en la banca para secarse el rostro.
–¿Por qué estás triste? ¿Dije algo malo?.
–No te preocupes, no necesitas disculparte. Es reconfortante saber que me aceptas sin haberme juzgado.
–¡Qué bien! –sonrió el niño–. ¿Y para qué sirve eso de “nombre"?
–Sirve para dar identidad, pero ya no sé quién soy, la verdad. He sido como los demás eran o querían que fuera –suspiró–. Y tampoco llevo un nombre, porque no he tenido padres.
El pequeño la miró con compasión. No había conocido a nadie que pronunciara tantas veces la palabra “nunca”, y eso lo entristecía.
–Las estrellas tampoco lo tienen. Y aún así brillan –le comentó–. En esos momentos donde más duele el corazón, tienes que pensar en aquello que más amas para recordar quién eres y abandonar lo que te lastima.
Al acabar de pronunciar esas palabras, decidió seguir su camino. La chica le dedicó una sonrisa.
–Soy una chica que deseaba alejarse de este mundo, pero ahora necesito conocer el mío. Gracias, amigo viajero.
Y así, la silueta del niño con rizos de oro se fue alejando poco a poco hacía un nuevo destino. A su vez, al oír el sonido que avisaba la llegada del siguiente, la chica tiró a la basura su espejo y se soltó el pelo, confiando en las palabras que había escuchado. Vio llegar su tren, se subió y empezó a vivir por ella misma.
