XXII Edición
Curso 2025 - 2026
El recreo que dejamos atrás
Vasco Vargas, 17 años
Colegio Santa Margarita (Lima, Perú)
Algunos años atrás, en el recreo lo más importante del mundo era jugar al fútbol. No importaba si la pelota estaba desinflada o si la cancha era pequeña. Siempre aparecían dos equipos improvisados y alguien que gritaba con euforia el gol. En ese momento, todo sucedía rápido y de forma emocionante.
Hace poco regresé a la misma cancha. La pelota estaba ahí, rodando lentamente entre unos cuantos chicos que no pasaban los diez años de edad. Gritaban, corrían y discutían por un gol que nadie había visto bien. Todo era exactamente igual a como lo recordaba. Lo raro fue saber que ya no era mi generación la que se encontraba allí.
Algunos alumnos estaban sentados, charlando acerca de los exámenes futuros. Otros esperaban a que el profesor de turno se distrajera, para poder hacer cualquier inmadurez más o menos simpática. Asimismo, varios estudiantes caminaban por el patio sin demasiada preocupación, como si el recreo fuera un pequeño descanso entre obligaciones escolares.
No ocurrió un momento exacto en el que dejamos de correr detrás de la pelota. Tampoco nadie nos avisó de que nuestra infancia había llegado a su fin. Simplemente pasó. Un día las conversaciones cambiaron. Empezamos a hablar de calificaciones, de universidades, de decisiones que parecían demasiado grandes para quienes seguían usando el uniforme escolar.
A veces pienso que crecer se parece mucho a ese recreo. Existe la cancha de fútbol, la pelota, los gritos constantes de los chicos más pequeños, pero uno ya no está en el mismo lugar y, no obstante, no hay tristeza porque crecer trae algo nuevo, una curiosidad por lo que vendrá después.
Mi generación se encuentra entre dos mundos. Todavía recordamos con claridad los recreos interminables, pero empezamos a imaginar el futuro con una mezcla de nerviosismo y entusiasmo. Tal vez por eso la adolescencia es una etapa extraña. Ya no somos los niños que vociferaban para que su amigo le dé un pase y así poder marcar un gol, pero tampoco somos los adultos que parecen tener la solución para todos los problemas. Estamos justo en medio, aprendiendo a jugar un partido diferente.
