XXII Edición

Curso 2025 - 2026

Adrián Martínez Rodríguez

El domo

Adrián Martínez Rodríguez, 16 años

Liceo del Valle (Guadalajara, México)

Todo empezó hace más de cuatro millones de años, cuando la tripulación de la nave כפ de los אין (Nox) y su capitán ל הסיה (Lázaro), llegaron a la Tierra, un insignificante planeta carente de color y de vida. Lázaro sintió tanta pena por aquel lugar que ordenó construir un inmenso domo que lo cubriera. De inmediato, empezaron a salir de la nave centenares de constructores, ingenieros, científicos, arquitectos y electricistas, revestidos con trajes especiales para soportar las condiciones climáticas y atmosféricas.

Después de cientos de años, el domo quedó terminado. Se sostenía gracias a dos enormes pilares situados en los polos, y se mantenía firme gracias al campo magnético de la Tierra. Lázaro ordenó que quedaran instaladas unas pantallas gigantes donde proyectar el cielo, que iría cambiando a lo largo del día y de la noche. También había generadores de oxígeno, dispensadores de agua, de rayos y cámaras de control. Una vez concluida aquella obra faraónica, la vida no tardaría en llegar. Por ello, se decidió construir un cuartel general en un punto céntrico de la Tierra (la actual Santo Tomé y Príncipe), en donde la teniente אֶתֵּר (Esther) y su equipo empezaron a dirigir las estaciones, a la espera de que floreciera la vida inteligente.

La nave Nox se marchó y dio comienzo lo que los humanos conocieron como el Eón Arcaico, que marcó el final del Eón Hádico. Eso sí, tuvieron que pasar miles de años para que aparecieran las primeras formas de vida, y muchos más para la formación de las células eucariotas. Después de un larguísimo periodo de tiempo, por fin hicieron acto de presencia los primeros seres inteligentes, conocidos como homo hábilis. Dos millones de años después, los homo hábilis y muchas otras especies de humanas se habían extinguido, de modo que solo quedaron los homo sapiens, que tenían un cerebro más desarrollado. Esther supo que el hombre estaba cerca de descubrir el domo. En ese momento, llegó a Santo Tomé el explorador João de Santarém, del Reino de Portugal.

João descubrió el cuartel por accidente, durante una de sus expediciones por África. Allí, Esther le mostró la fortaleza. João, a su vuelta, se lo reveló al rey de Portugal, Alfonso V, quien sintió la necesidad de compartirlo con el resto de monarcas europeos. Cada uno de los soldados que estuvieron presentes en aquella reunión, se lo desvelaron, a su vez, a sus familiares y amigos. Por el Viejo Continente se difundió que la humanidad vivía bajo un domo.

El secreto pasó de generación en generación, hasta que los hombres constituyeron la ONU. Con el voto favorable de todos los países, se formó el CPCED (Consejo de Protección y Confidencialidad de el domo). Los miembros que representaban a dicho consejo se instalaron en el cuartel general. Allí averiguaron la existencia de la estación NorPolar y de la estación SurPolar. Se aseguraron de que nadie pudiera llegar a las estaciones sin permiso, hasta que le tocó el turno a Niko.

Nikolas nació en 1989, en la ciudad de Nuuk (capital de Groenlandia). Desde niño quiso llegar al domo. Una vez cumplió la mayoría de edad, se fue a vivir a una cabaña en el norte de Groenlandia. Fue ahí donde contactó con Alex, reportero de televisión, para que lo ayudara en su aventura. Alexander era su amigo de la infancia. En un principio, a Alex no le interesó la propuesta, pero Niko logró convencerlo al decirle que iba a ser el primer periodista en documentar el domo.

Una vez en Santo Tomé, Niko y Alex planearon cómo entrar al cuartel. Se decidieron por el sistema de ventilación. Una vez dentro, se disfrazaron de conserjes y, poco a poco, fueron descubriendo todos los detalles sobre las estaciones. Decidieron entonces que cada uno viajaría a uno de los polos.

De vuelta a su cabaña, Niko empezó a buscar el pilar del norte. Lo encontró después de unas semanas, pero descubrió que estaba mucho más protegido que el cuartel. Una vez en la estación, halló un laboratorio secreto en donde se realizaban investigaciones alienígenas sobre el flerovio (material del que está hecho el domo). Con esa información empezó a construir un cohete a base del flerovio que sustrajo del laboratorio, y que unió a los materiales que encontró Alex en la refinería y en la fábrica del Polo Sur.

Tras veinticuatro años de arduo trabajo, el cohete quedó listo para el despegue. Fue un cuatro de julio cuando encendieron sus motores. Niko pasó los segundos más largos de su vida, hasta que la nave chocó contra la estación. Salió del cohete y se puso a grabar con una cámara todo lo que se iba encontrado a su paso, para que Alex lo transmitiera en directo. Desde el pilar se veía una panorámica de toda la Tierra. Encima de ella había un vacío oscuro y profundo, y en el medio del vacío una enorme nave.

Los espectadores se aterrorizaron, al pensar que en el interior de aquel extraño aparato podía haber un ejército de alienígenas. Sin embargo, su temor no duró mucho, pues de la nave salió una luz cegadora que acabó con toda la Tierra, convirtiéndola en una nube morada y brillante que fue aspirada hasta el interior de los motores.

Un operador anunció:

—Energía al cien por ciento.

—Excelente –le felicitó el capitán Lázaro–. Regresemos a casa.