XXII Edición

Curso 2025-2026

Jorge Ayerra

Demostrable

Jorge Ayerra, 17 años

Colegio Gaztelueta (Vizcaya)

El médico no encendió la luz al entrar. El interruptor de la consulta llevaba semanas sin funcionar adecuadamente, y ninguno de los trabajadores había acudido a arreglarlo.

La paciente le esperaba, sentada en una silla. No había urgencia en su postura, tampoco alivio. El médico miró la carpeta.

—¿Sigues con lo mismo? —le preguntó.

Ella asintió. No era su primera vez en aquel hospital. Al menos, eso decía su historial médico, aunque había días en los que el doctor no estaba seguro de si confundía las consultas reales con otras imaginarias. A veces tenía la sensación de haber vivido esos momentos con pequeñas diferencias que no sabía cómo explicar.

—No es dolor —comentó ella—; es otra cosa.

Él apoyó la carpeta en la mesa y se permitió mirarla fijamente a los ojos, un poco más de tiempo de lo habitual.

—¿Desde cuándo?

Tardó en responderle.

—Desde antes de que lo dejara de notar.

El médico levantó la vista.

—Explícamelo.

—Es como si hubiera alguien que usara las mismas cosas que yo. Para que me entienda, le diré que mi casa está ordenada, pero no a mi manera. Los objetos están donde deben de estar, pero no han sido colocados por mí –. Dudó un instante–. No están mal colocados, ese es el problema. Están bien, demasiado bien, como si alguien hubiera empleado exactamente el mismo orden, pero sin ser yo.

El doctor anotó algo que no era exactamente lo que ella le había dicho. Lo hacía a veces, pues las palabras no siempre encajan bien en los formularios.

Hubo un silencio largo.

—¿Y duermes bien?

Ella lo miró. No parecía cansada sino triste, y de una forma muy concreta.

—Duermo —le dijo—, pero no siempre me despierto en el mismo sitio.

El médico se sorprendió durante unos segundos, pero no dijo nada.

—A veces todo parece igual —continuó ella—. La casa, la calle… incluso las conversaciones, pero hay cosas pequeñas que cambian. Y es como si no fuera la primera vez que ocurre.

El médico dejó el bolígrafo. Por un momento tuvo la sensación incómoda de que aquella conversación no era la primera que mantenía con la paciente, aunque no supiera decir en qué se diferenciaba de las otras.

De pronto entendió que algo no encajaba: lo que la mujer estaba describiendo no solo era una percepción alterada, sino una repetición con variaciones, como si la realidad se estuviera replicando, pero nunca de forma exacta.

El doctor fue a abrir la boca, pero decidió no decir nada, porque no recordaba con seguridad si la última vez que había atendido a esa paciente… había sido realmente él quien la había atendido.